lunes, 14 de noviembre de 2016

Gaizka Garitano: “Podríamos estar en la mitad de tabla si todo hubiera ido normal”


Hola a todos!

Dio para mucho la entrevista que mi compañero en Dxtcampeón y jefe de sección del Deportivo Carlos Alberto Fernández y la que escribe hicimos la semana pasada a Gaizka Garitano, que se proyecta muchos años en el equipo blanquiazul, pero sabe que los resultados mandan.


Feliz lunes!

Minis, mi artículo esta semana en Dxtcampeon

Hola a todos!

Empezamos la semana con mi artículo esta semana "Minis" sobre los malos hábitos que cogemos muchas veces los deportistas de pequeños y de quién es la culpa...

Minis

En todos los deportes hay categorías destinadas a los jugadores más jóvenes. Apenas llegan al metro de altura y en fútbol ya pueden dar patadas a un balón y competir (aunque los partidos se basen en un niño con un balón y el resto, sean de su equipo o no, persiguiéndolo). En baloncesto sube la edad para irrumpir en la competición (7 años). Hacer comprender lo que implica un partido a esas edades no es siempre sencillo, como tampoco lo es que los padres entiendan que sus hijos están allí únicamente y exclusivamente para divertirse.

Muchos progenitores parecen querer proyectar en ellos los sueños no cumplidos, o directamente se dejan el cerebro en casa cuando están viendo a su hijo jugar y se dedican a dar ‘claves’ desde la grada. Los partidos en estas edades, en el caso del baloncesto, tienen lugar en pistas transversales, por lo que se disputan varios partidos a la vez en la misma instalación. Los puntos los lleva un oficial de mesa y cuando la diferencia es de 50 para un equipo (porque se llega y muchas veces) se cierra el acta y, aunque se sigue jugando, ya no se suman esos puntos.

En ese contexto de deporte como mera y pura diversión hay algunos que deciden convertir un partido de fin de semana, un momento de ocio para su hijo, en una oportunidad para echar bilis. No son la mayoría de los casos, afortunadamente. “Tú tienes que botar y no pasarle, y tienes que desmarcarte más, y pedir que te la den…” Recuerdo cruzarme con un niño compungido mientras su progenitor hacía la radiografía de su actuación en la cancha. También criticaba a su entrenador, la máxima del papá hooligan, que culpa de todos los males al técnico y enseña a su hijo a quién señalar en el futuro.

Esos son los mismos padres que cuando llega el fin de semana y no les apetece llevar al niño a jugar dejan colgados al equipo. Conciben el deporte como una actividad extraescolar, no enseñan a su hijo lo que es contraer una pequeña obligación y le muestran el camino futuro cuando no le apetezca hacer algo.

Seguramente esos mismos a los que les viene mal que su hijo compita un sábado a las 10 de la mañana bajo la lluvia en diciembre son los padres del próximo jugador que usará esa célebre frase, reina de las excusas de mal pagador y que deportistas de todas las disciplinas repiten como un mantra que los absuelve de todo, como si fuese una máxima refutable: “No puedo ir, que tengo que estudiar”. La culminación de una forma errónea afrontar el deporte y lo que implica forma parte de un equipo y que aprendieron siendo todavía minis. ¿De quién es la culpa?

Feliz lunes!


martes, 1 de noviembre de 2016

Flopping, mi artículo en dxtcampeon

Hola a todos!

Os dejo mi artículo de esta semana en Dxtcampeón sobre el flopping post-botellazo en el Camp-Nou. Y de paso os comento que, para mí, ayer el Valencia mereció quedarse con diez (Garay o Enzo Pérez) pero que llorar toda la semana les sirvió para algo :S

Flopping

En baloncesto hay término que acuña a todas esas acciones que tratan de simular un contacto inexistente por parte del defensor para obtener una falta por parte del atacante. El llamado flopping. Se ve en el deporte de la canasta y en el fútbol. Un ejemplo podría ser, remitiéndonos al día del botellazo en Mestalla, el hecho de que el impacto hiciese caer a hasta cuatro jugadores. Siendo la agresión un hecho destestable y que merece un castigo para su autor, lo es también que los jugadores del Barcelona simulasen que habían recibido el golpe, cuando solo impactó en Neymar, como demuestran las imágenes.

Entre los protagonistas un Luis Suárez, sospechoso habitual, que es capaz de simular que le duelen los dientes después de haber mordido. Puede que de la botella saliese una onda expansiva que hiciese caer como bolos a todos los futbolistas cercanos a la misma.  Tremendo es que se lancen objetos en un campo del fútbol, independientemente de la celebración, penoso es que los jugadores no se den cuenta de que son un ejemplo para miles de niños y traten de engañar al árbitro.

Atenta directamente contra el fair play y la deportividad. Es una forma de condicionar al trencilla, de actuar de mala fe y, tristemente, recurso habitual para jugadores mediocres, y a veces también estrellas, que tratan de sacar chance de la buena voluntad de los colegiados, que suelen creer a los futbolistas. Simulaciones de golpes, caídas cuando no ha habido impacto por parte del rival, vueltas sobre el verde haciendo la ‘croqueta’. Un crisol de argucias buscando que el árbitro ‘pique’ y sacar así tajada. Un comportamiento repugnante de unos profesionales en cuyo espejo se miran muchos niños.

No es raro pasarse por los campos de fútbol el fin de semana y constatar que los jóvenes futbolistas imitan celebraciones, gestos y conductas de sus ídolos. Los jugadores deberían ser responsables y conscientes de que miles de ojos los observan. Pero, por desgracia, muchos de ellos lo olvidan y si no reciben más castigo del merecido es porque a la mayoría de las veces a los colegiados les tiembla la mano a la hora de castigar sus acciones, temerosos del escudo que los ampara.

La realidad debería de ser otra, las malas acciones no tendrían que quedar impunes. No permitamos que el flopping sea lo normal, que ser limpio y honesto sea cosa de ‘tontos’. No dejemos que los ‘listos’ se salgan con la suya y censuremos estas conductas, más aún si son de nuestro equipo. En nuestra mano está que el deporte sea solo eso y no una escuela del engaño. Maestros sobran.


Feliz martes!